"Cada usuario puede añadir algo y es posible realizar una especie de historia interminable. Llegados a este punto, desaparece la clásica noción de autor y se pasa a disponer de un nuevo modo de implementar la creatividad."

Umberto Ecco
"... cuando la unidad está compuesta por cosas diversas, y cada una añade algo ala otra -proceso mediante el cual se armonizan- entonces la unidad alcanza su perfección"

Emanuel Swedenborg

viernes, 8 de octubre de 2010

el viaje

Una noche más bien oscura de otoño, unos 130 años atrás, yo también me di el gusto de atrapar a la luna, que estaba escondida detrás de unas nubes grandes y mojadas. La atrapé con mis boleadoras, como se atrapa a un guanaco o a un ñandú, como me enseñó a hacerlo mi tío abuelo Juan Moreira, que en paz descanse el pobre viejo, cuando yo era apenas un mocosito (que no se me veía en el suelo de tan chiquito que era). Le dije a la luna, mirándola directamente a los ojos para que supiera que el asunto iba en serio, que me llevara a dar una vuelta por el campo y que luego la soltaría para que siguiera con sus cosas. Pasamos flotando sobre los toldos y los ranchos de Inodoro Pereyra, del cacique Patoruzú, de la Chacha, de Ñancul, de Patoruzito, de Martín Fierro, del sargento Cruz, del Viejo Vizcacha, de Don Segundo Sombra, de Santos Vega, de Hormiga Negra y de Lindor Covas, el cimarrón. Cuando estaba amaneciendo y fiel a mi palabra de gaucho, dejé libre a la luna (al borde de una charca con sapos, grillos y mosquitos) y regresé caminando hacia los brazos de mi china, de mi cielo, de mi vida, de mi amor.

carlos alberto arellano

maquiduende
vamostodos

22 comentarios:

María José dijo...

¡Eres suertudo!
Siempre quise ver la luna de cerca.
Mirarle a los ojos y leer su mensaje.

Cuando era pequeña, mi abuelo, que era un caballero y gran aventurero, me contaba apasionantes historias sobre la luna antes de dormir.

Carlos Alberto Arellano dijo...

Yo también tuve un abuelo que me contaba historias sobre la luna. Más bien sobre los planetas, las estrellas y las galaxias. Es cierto que mi abuelo no era un gran aventurero, pero le sobraban imaginación y ganas de entretener a sus nietos.

Manucho.

Esmeralda Torres dijo...

Una velada con la luna, hermoso!!! Lo imaginé todo, palabra a palabra. Gracias por pasarte por señales de cercanía Carlos.
Saludos

Carlos Alberto Arellano dijo...

Gracias, Esmeralda.

Cuentan los que saben, que son muchos y muy buenos, que en un ensayo, en un cuento, en una novela (y hasta en un pequeño relato como éste), lo mejor es usar términos concisos y familiares que generen imágenes. El medio más seguro para despertar y mantener la atención, decía William Strunk Jr., es expresarse de un modo específico, definido y concreto. Las palabras deben evocar imágenes.

Nota: Yo lo intento, hasta donde puedo.

Gracias por el comentario.

ADELFA MARTIN dijo...

Que hermosura de cantar
el cuate se avienta en prosa
bien se pudiera adaptar
a esta tierra tan sabrosa
pues acà tambien la luna
es un poco casquivana
y le encanta irse a pasear
cuando el hombre es de fortuna.
Y, aunque no tenemos gauchos,
nos gustan las voladoras

¡¡he dicho!!

FELICITACIONES, hermosìsimo relato

abrazos

Carlos Alberto Arellano dijo...

Hermoso poema, Adelfa.

¿Lo has publicado en tu blog? ¿O acabas de darle forma? Lo estoy recitando (y saboreando) en voz alta en este momento. No me extrañaría que Ariel te pidiera permiso para publicarlo en una próxima entrada en este mismo blog.

Ariel siempre anda a la caza de todo lo que tenga que ver con la luna y que le guste. Pienso que debe tener algo de fascinante esa búsqueda frenética (¡jajaja!) de lunas por aquí y por allá. Ariel es un explorador de la Red, un apasionado y perseverante coleccionista.

Nota: Claro que también podrías recitar tu poema, Adelfa. Y, en ese caso, se podría publicar un video con tu voz. Ignoro si Ariel ha publicado vídeos en este blog.

Muchas gracias por el aliento, Adelfa.

Claudia Botero dijo...

que cosa tan linda, tan delicada y con tanta fuerza. Me gusta mucho, mucho tu página.
Te dejo un abrazo y también mucha gratitud por tu hermosa entrada en mi blog.

Claudia Botero dijo...

Puse este cuento tuyo al lado de uno de mis dibujos en el FB. Espero que no te moleste, fue por pura inspiración.

http://www.facebook.com/profile.php?id=726113633#!/photo.php?fbid=165925730090134&set=a.146426482040059.28048.144008088948565

Carlos Alberto Arellano dijo...

Gracias por el comentario, Claudia.

Y gracias a Ariel por invitarnos a participar en su blog.

Me gusta pensar que este blog, el blog de Ariel, es un edificio. Y que todos los que colaboramos, con textos o imágenes, ocupamos uno de sus infinitos departamentos, que también son plataformas de despegue de una asombrosa variedad de naves espaciales.

Y dada la singular naturaleza de este blog, que tiene mucho de fantasía, pero también de ciencia ficción, yo he pensado en algunas de las grandes novelas de este género que he tenido el gusto de leer.

Aunque sus funciones son diferentes y más modestas sus metas, ya que de ellas no despegan naves con astronautas, las torres monumentales (ubicadas en el ecuador) que forman parte de «3001: Odisea final», la novela de Arthur C. Clarke que pone un punto final a la serie que comenzó con «2001: Odisea en el espacio», me llevaron a pensar en esta otra torre que es «De Lugano a la Luna».

El capítulo de «3001: Odisea final» en el que se describen esas torres, que llegan hasta unos 36 mil kilómetros de altura, lleva por título: «Una habitación con vista».

Cuando Frank Poole, el protagonista principal de esa novela de ciencia ficción, sube por primera a lo alto de una de las torres y se asoma a un enorme ventanal, se maravilla al ver desde allí todo el continente de Europa y mucho del norte de África.

Qué maravilla.

Carlos Alberto Arellano dijo...

Claudia:

Como no me nombras, estoy un poco confundido.

En tu primer comentario hablas de alguien que publicó una entrada en tu blog. Sé que no te refieres a mí, porque sólo dejé allí un pequeño comentario. ¿De quién hablas? ¿De Ariel?

Nota: Yo no estoy en Facebook. Si no estoy en Facebook, ¿puedo ingresar igual para ver tu dibujo?

Si acompañante tu dibujo en Facebook con mi relato, ¿pusiste un enlace a Maqui duende? ¿Mmm?

Un saludo en la distancia. Que estés bien.

Claudia Botero dijo...

Si Carlos Alberto, he puesto este cuento de El Viaje. Tu lo firmas, supuse que era tuyo... a veces no entiendo muy bien como funciona esto. Lo que tu dejaste en mi blog fue un comentario, creo que me equivoqué al decirle entrada.
De todas maneras te dejo el link de nuevo, creo que si puedes entrar.

http://www.facebook.com/?ref=home#!/photo.php?fbid=165925730090134&set=a.146426482040059.28048.144008088948565

Carlos Alberto Arellano dijo...

Hola, Claudia

Muchas gracias por poner mi relato acompañando a ese jardín espectacular que publicaste en Facebook. Qué belleza.

Nota:

El enlace que pusiste al pie de mi relato lleva a «De Lugano a la Luna», que es el blog de Ariel. (Ariel me invitó a publicar aquí una entrada.)

Aquí tienes los enlaces a mis blogs:

www.maquiduende.blogspot.com

www.gigantesquedesaparecen.blogspot.com

Un gusto.

Carlos Alberto Arellano dijo...

Te cuento, Claudia, que yo no le puse título a este relato. El que tiene es de Ariel. Lo puso al publicar mi relato en este blog.

Me gusta más éste:

«Y me fui a los brazos de mi cielo, de mi vida, de mi amor.»

¿Puedes cambiarlo, por favor? Gracias.

Abuela Ciber dijo...

Vaya uno a saber , que hubiera sucedido , si te la llevabas y no la regresabas nunca!!!
Gracias por regresarla y compartir este grato escrito.

Te deseo una semana de buena cosecha !!!!!!

Frase de la semana::
" Disfruta de la vida, esto no es un ensayo."

Carlos Alberto Arellano dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Carlos Alberto Arellano dijo...

Hola, Abuela Ciber.

Es la primera vez que digo esto. Era un secreto muy bien guardado. Resulta que en un Universo Paralelo, al que llegué por error o porque así lo quisieron los dioses, que son muchos y superpoderosos, pasó lo que cuento a continuación:

En esa noche, que tenía muy bien guardada, no era otoño. Era pleno verano. Y hacía un calor que rajaba la tierra. Yo sudaba como una piara de cerdos. El agua de mi cantimplora se había terminado hacía mucho. Seca e hinchada por la brutal deshidratación, mi lengua parecía una papa caliente a punto de desintegrarse. Cuando estaba por perder el conocimiento, y como borrosa y blanca sobre mis hombros, vi que la luna me estaba mirando con muchísima atención. Ni lerdo ni perezoso, la atrapé con mis boleadoras, como se atrapa a un guanaco o un ñandú. Le dije a la luna, mirándola directamente a los ojos para que supiera que el asunto iba en serio, que me salvara la vida o ya vería qué. Muerta de miedo, temblando por el susto, la luna me llevó a toda prisa hasta las dulzuras de una charca grande. Ahí me dejó para que bebiera y me recuperara. Mejor dicho: Ahí quería dejarme, pero en ese Universo Paralelo yo era un hombre realmente malo, de lo peor que te puedas imaginar. Así que, sin quitarle las boleadoras, la tomé por el cogote con mis manos peludas y le dije que de ahí en más se quedaría para siempre a mi lado. De nada le valieron el llanto y las lágrimas ardientes. Cuando me fui de la Tierra y regresé a Marte, que es el planeta donde nací, la luna se vino conmigo. Es cierto que le costó mucho, pero al final se acostumbró a vivir conmigo y con mi china, con mi vida, con mi cielo, con mi amor.

Fantasma dijo...

A la luna yo la quiero,
como amante, como esposa.
No me llamen cuentero,
así nomás es la cosa.

ALENKA dijo...

Carlitos!!! Qué sorpresa!
Realmente agradable encontrarte!
Este relato tuyo, en sus dos versiones, es un verdadero regocijo para el alma. Llenito de imagenes, llenito de ternura... ¡Madre Santa! Qué hermoso!
Carlitos, mil mil gracias por este regalo.
Un abrazo bien apretado para ti, y otro más para Pan Casero, aunque a este no muy apretado ¡se nos puede desmigajar!

Pan Casero dijo...

Gracias por el saludo, doña Alenka. Otro abrazo para usted. Y no se preocupe, que los panes caseros somos fortachones.

Lo que no sabe don Arellano, le cuento, es que yo escribí una tercera versión de ese relato.

La historia, como yo la veo, transcurre en pleno invierno. En uno de esos inviernos en los que el frío te congela los calzoncillos, por no decir otra cosa. Yo me veo caminando entre unos pinos blancos y enormes. Solo y triste, para no perder la costumbre. El asunto es que me pierdo, irremediablemente, y la noche me agarra morado, medio congelado, en el centro mismo del bosque. Como es lógico, temo por mi vida, que es la única que tengo y no la puedo andar desperdiciando. En eso veo a la luna llena asomando la nariz entre las copas de dos pinos. «¿Qué le ocurre, buen hombre?», me pregunta la luna. «Ya lo ve, señora luna», le respondo, «estoy perdido en medio del bosque, muerto de hambre y de frío». «¿Y le gustaría que le dé una mano, caballero?». «Si no es molestia, señora mía…»

Aunque aún no tengo escrito el final, doña Alenka, puedo adelantarle que la luna me ayuda bien, me lleva a casa sobre sus hombros, y al final me encuentro (con una sonrisa de oreja a oreja) con mi china, con mi vida, con mi cielo, con mi amor.

María José dijo...

1

Alta va la luna.
Bajo corre el viento.

(Mis largas miradas,
exploran el cielo.)

Luna sobre el agua.
Luna bajo el viento.

(Mis cortas miradas,
exploran el suelo.)

Las voces de dos niñas
venían. Sin esfuerzo,
de la luna del agua,
me fui a la del cielo.

2

Un brazo de la noche
entra por mi ventana.

Un gran brazo moreno
con pulseras de agua.

Sobre un cristal azul
jugaba al río mi alma.

Los instantes heridos
por el reloj... pasaban.

3

Asomo la cabeza
por mi ventana, y veo
cómo quiere cortarla
la cuchilla del viento.

En esta guillotina
invisible, yo he puesto
la cabeza sin ojos
de todos mis deseos.

Y un olor de limón
llenó el instante inmenso,
mientras se convertía
en flor de gasa el viento.

4

Al estanque se le ha muerto
hoy una niña de agua.
Está fuera del estanque,
sobre el suelo amortajada.

De la cabeza a sus muslos
un pez la cruza, llamándola.
El viento le dice "niña",
mas no puede despertarla.

El estanque tiene suelta
su cabellera de algas
y al aire sus grises tetas
estremecidas de ranas.

Dios te salve. Rezaremos
a Nuestra Señora de Agua
por la niña del estanque
muerta bajo las manzanas.

Yo luego pondré a su lado
dos pequeñas calabazas
para que se tenga a flote,
¡ay!, sobre la mar salada.


(Federico García Lorca)

Carlos Alberto Arellano dijo...

Hola, María José.

Un triste poema de Federico García Lorca el que has dejado aquí.

Recuerdo que en el final de «Muerte en Granada», una película que vi hace muchos años en la televisión, el actor que interpreta a Federico García Lorca mira hacia el cielo y en el cielo no está la luna. «¿Dónde está mi luna?», pregunta el poeta. Muerto de miedo, un hombre viejo (al que también están por fusilar) le pregunta a Federico: «¿Existe Dios?». Un momento después los alcanzan las balas. Andy García es el actor que interpreta a Federico García Lorca en esta gran película.

Horacio Sosa dijo...

Yo no le canto a la luna
porque alumbra y nada más,
le canto porque ella sabe
de mi largo caminar.

Ay, lunita tucumana
tamborcito calchaquí,
compañera de los gauchos
en las sendas del Tafí.

Perdido en las cerrazones
quien sabe mi vida
por donde andaré
mas, cuando salga la luna,
cantaré, cantaré.
A mi Tucumán querido
cantaré, cantaré, cantaré.

Con esperanza o con pena
en los campos de Acheral
yo he visto a la luna llena
besando el cañaveral.

Si en algo nos parecemos
es en triste soledad
yo voy andando y cantando
que es mi modo de alumbrar.


Letra y música de Atahualpa Yupanqui.